Galletas “Doña Enriqueta”

Gallina

_ ¿Cómo se declara el acusado?
Preguntó el juez Conejo un poco cansado.
_Depende Su Señoría.
Dijo el topito con alegría.

_ ¿Cómo dijo Don Topo? ¿Depende?
_Si Su Señoría,
no sé de qué se me acusa
Dijo el topo alisándose la blusa.

_ Se lo acusa de comerse las galletas
que preparó doña Enriqueta.
_ ¿Ah… de eso se trataba….? ¡Entonces sí!
Dijo el topo con frenesí.

_ ¿Confiesa? ¿Se declara culpable?
Preguntó el conejo no tan amable.
_Si, Su Señoría, culpable soy de eso,
pero verá usted… ¿No me llevará preso?

La gallina Enriqueta, víctima de este hecho,
se puso de pie y gritó con despecho:
_ ¡Preso irá, pues es delito,
comer galletas si no lo invito!

El juez Conejo llamó al abogado:
_ ¡Traiga las pruebas
no se quede ahí parado!

El abogado acusador,
un zorrino de mal olor,
trajo migajas de galletitas
que quedaron en la bandejita.

El abogado de la defensa
puso tres galletas sobre la mesa:
una de limón, una de miel
y una de fresa.

El juez Conejo, que era muy glotón,
se vio tentado por aquel olor.
Y de un salto que dio a la mesa,
se comió las galletas de miel, limón y fresa.

Nadie podía creer lo que veía,
el juez sobre la mesa comía y comía.

En eso, la gallina cambió de humor,
porque de pronto, una idea se le ocurrió:
¡Podría hacerse empresaria
y llegar a ser millonaria!

Trabajaría todo el día,
por las mañanas amasaría
y por las tardes vendería.
¡Mucha platita juntaría!

Cuando las galletas se acabaron,
el juez miró al público todo colorado,
sacudió las migajas de su bigote
y se quitó más de un pegote.

_ ¡Este juicio queda anulado!
Gritó enojado el abogado.
_ ¡A las pruebas, se las han comido!
Dijo el defensor ofendido.

_ No se preocupe, señor juez
Interrumpió la gallina muy cortés
Retiro los cargos a este infeliz
(lo digo por el topo gris).

_ ¿Se puede saber por qué?
Preguntó el abogado muy descortés.
_ Porque gracias a él se me ocurrió una idea:
¡Voy a ser repostera!

Y como soy buena empresaria
y la clientela es necesaria,
comienzo a tomar pedidos,
¡Están todos advertidos!

Larga fila se formó en el juzgado
y los pedidos eran variados:
a las galletas de limón, fresa y miel,
se le agregaron de queso, zanahoria y nuez.

Y así doña Enriqueta,
una gallina muy coqueta,
se puso a cocinar galletas
sin dar a nadie su receta.

Autora: Claudia Martínez, de Rosario, Argentina.

Imagen:

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